VIRGEN Y NIÑO ENTRE EL ARCÁNGEL MIGUEL Y SAN JUAN EL BAUTISTA
El cuadro, encerrado en un triple marco (con una ancha banda roja en el exterior, blanca en el medio y negra en el interior), no es fácil de leer debido a sus precarias condiciones.
La Virgen está sentada en un trono sin respaldo adornado con cojines rojos en forma de huso, decorados en los extremos con galón dorado.
Lleva una túnica de mangas azules con un maphoprion rojo encima, que envuelve su cabeza y cae a lo largo de todo su cuerpo; con su brazo izquierdo sostiene al Niño, hacia quien vuelve su mano derecha; Los pies llevan zapatos rojos.
El rostro, ligeramente inclinado hacia la izquierda hacia el hijo, es ovalado; Aparece marcada por reflejos que se engrosan alrededor de los ojos y siguen el movimiento de las cejas arqueadas y los párpados; ojos almendrados; la nariz larga, bien perfilada y curvada en la punta; La boca pequeña le da a la cara un aspecto dulce y triste.
El Niño está sentado en el brazo izquierdo de la Madre, quien lo sostiene con su mano; Con la mano derecha bendice y con la izquierda sostiene un pergamino cerrado.
Él lleva una túnica roja. El rostro se caracteriza por cabello castaño corto y rizado, orejas bien formadas, frente alta, boca pequeña, nariz fina, cejas arqueadas que dan compostura a la imagen.
San Juan Bautista está representado de pie, en vista de tres cuartos y mirando hacia la izquierda.
La cabeza, rodeada de un halo, es difícil de interpretar: se adivina el cabello blanco ligeramente largo y la frente alta.
El Precursor viste una túnica roja con mangas y una capa azul; con la mano derecha bendice y con la izquierda sostiene un pergamino abierto, desgraciadamente ilegible.
El pie derecho calza una sandalia abierta de tipo romano.
En las zonas donde ha caído parte del fresco se aprecia una capa pictórica más antigua, difícil de interpretar.
San Juan Bautista está representado de pie, en vista de tres cuartos y mirando hacia la izquierda.
La cabeza, rodeada por el halo, es difícil de leer: se adivina el cabello blanco ligeramente largo y la frente alta.
El Precursor viste una túnica roja con mangas y una capa azul; con la mano derecha bendice y con la izquierda sostiene un pergamino abierto, desgraciadamente ilegible.
El pie derecho calza una sandalia abierta de tipo romano.
En las zonas donde ha caído parte del fresco se aprecia una capa pictórica más antigua, difícil de interpretar.
El Arcángel Miguel, identificado gracias a los restos de la inscripción exegética en latín S(anctus) MI situada en el ángulo superior izquierdo, está representado de pie, en posición de tres cuartos y mirando hacia la derecha; con la mano derecha sostiene las cadenas de un incensario con el que rocía incienso sobre la Virgen y el Niño.
Una imagen que contrasta con la aterradora imagen encerrada en el nicho, del “guerrero” que atraviesa al dragón. Dejó las armas, casi como si quisiera transmitir una sensación de confianza y serenidad al peregrino que, ahora al final de su viaje místico, ya no temería la oscuridad. Esta visión marca la salida de la cueva oscura.